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La prevención y el control de plagas forman ahora una parte integral del control de la higiene para la mayoría de los proveedores de servicios logísticos y por un buen motivo: La contaminación de materias primas y productos terminados por la acción de roedores e insectos lleva a la pérdida de mercancías que cuesta millones de euros cada año.
La legislación y las normativas rigurosas de Chile requieren que se determine con precisión el origen de cualquier fallo en la cadena logística, en concreto en lo relacionado con las pruebas sobre casos de garantía de productos. Las auditorías rigurosas aumentan la presión sobre los transportistas ya que los fabricantes y los productores intentan de forma constante imponer controles de calidad más estrictos durante el movimiento y el almacenamiento de mercancías y cierran las lagunas entre la producción y el comercio de manera más eficaz que antes. Las normas de seguridad relativas a higiene, el seguimiento de los lotes y la documentación son objeto de un control muy riguroso. En el caso de los productos de alimentación, la trazabilidad es total.
El control de plagas es un componente crítico y a menudo subestimado de la logística y distribución. En este sector, que maneja grandes volúmenes de productos a través de una compleja cadena de suministro (almacenes, centros de distribución, vehículos de transporte), la presencia de plagas no solo implica un problema de higiene, sino una amenaza directa a la integridad de la mercancía, el cumplimiento normativo y la eficiencia operativa.
Una infestación puede tener consecuencias devastadoras que van más allá del daño físico a los productos:
Daño Físico y Pérdida de Inventario: Roedores (ratas y ratones) e insectos (gorgojos, polillas, cucarachas) causan daños directos al consumir o contaminar alimentos, piensos, y al roer embalajes y estructuras. Esto resulta en el descarte total de lotes y grandes pérdidas económicas.
Contaminación y Riesgo Biológico: Las plagas son vectores de agentes patógenos (bacterias, virus). En la distribución de alimentos, productos farmacéuticos o cosméticos, esto genera un riesgo directo de contaminación cruzada inaceptable para la salud pública y un incumplimiento de la inocuidad alimentaria.
Compromiso de la Infraestructura: Roedores pueden dañar el cableado eléctrico y los sistemas de alarma e iluminación, provocando cortocircuitos (riesgo de incendio) e interrupciones operativas críticas en los centros de distribución.
Incumplimiento Normativo y Auditorías: Las normativas de calidad y seguridad (como HACCP, ISO 22000, o las exigencias de clientes minoristas) requieren un programa de Manejo Integrado de Plagas (MIP) documentado y validado. Fallar en esto puede resultar en sanciones, multas o la pérdida de la licencia de operación.
Impacto en la Reputación: Un cliente que recibe un producto dañado o contaminado por plagas puede generar una crisis de imagen de marca y la pérdida de la confianza del consumidor y socios comerciales.