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Cada año, las plagas causan enormes pérdidas económicas en la industria alimentaria. Contaminan las materias primas y el producto terminado, a través de sus excrementos, restos de mudas o fragmentos del insecto. La infestación por plagas lleva a la pérdida de confianza por parte de los clientes y los consumidores, lo cual repercute de forma negativa en su imagen de marca, que con tanto esfuerzo ha forjado.
Cuando hablamos de plagas o insectos de los productos almacenados nos referimos generalmente a escarabajos y polillas cuyos ciclos vitales están directamente relacionados con los alimentos que parasitan; existiendo otros artrópodos, como los ácaros, que también pueden afectar nuestros alimentos como la harina, los quesos y el jamón.
Tampoco hay que olvidar las plagas que afectan a los productos textiles, que aunque de menor importancia al no afectar a los alimentos, también causan daños importantes en la industria. En cuanto a los productos afectados son de muy diversos tipos, destacando cereales, legumbres, frutos secos, especias, semillas oleosas, materias diversas como tabaco, queso, pieles, y todos los productos acabados fabricados a partir de las materias primas mencionadas.
¿Qué es la inocuidad alimentaria?
La inocuidad alimentaria se define como la garantía de que un alimento no causará daño al consumidor cuando se prepare y/o consuma de acuerdo con su uso previsto. Esto implica la ausencia de peligros a niveles inaceptables. Estos peligros se clasifican en tres categorías principales:
Peligros Biológicos: Incluyen microorganismos como bacterias (Salmonella, E. coli), virus y parásitos. Son la causa más común de enfermedades transmitidas por alimentos (ETA).
Peligros Químicos: Residuos de pesticidas, fármacos veterinarios, toxinas naturales (micotoxinas), o la presencia de alérgenos no declarados.
Peligros Físicos: Objetos extraños como fragmentos de vidrio, metal, plástico o madera que pueden causar lesiones.
La importancia de una gestión rigurosa de la inocuidad va más allá del cumplimiento normativo:
Salud Pública: Previene las Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA), protegiendo a la población. Un brote puede tener graves consecuencias sanitarias y económicas.
Cumplimiento Legal y Normativo: Los gobiernos y organismos internacionales (como la FAO y la OMS) establecen normativas estrictas que deben cumplirse. En muchos países, esto incluye certificaciones como HACCP (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control) e ISO 22000.
Reputación y Confianza: Un solo incidente de contaminación puede destruir la confianza de marca que tardó años en construirse. Los consumidores buscan productos con la garantía de un control de calidad riguroso.
Acceso a Mercados: Las certificaciones de inocuidad son a menudo un requisito indispensable para la exportación y para ser proveedor de grandes distribuidores.
Rentokil le ofrece un sistema de protección de los productos almacenados basado en la lucha integral contra las plagas, aportando soluciones óptimas de control y seguimiento.
En Chile, la tecnología de punta en fumigaciones de Fumaule , parte de Rentokil, le ha permitido posicionarse como líder en servicios de fumigación para: molinos, frutos secos y deshidratados, granos almacenados y alimentos en general bajo distintas modalidades como estructuras, encarpados, cámaras, contenedores o silos de almacenamiento.