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El control de plagas evoluciona constantemente, impulsado por la necesidad de encontrar soluciones que no sólo sean eficaces, sino también seguras y sostenibles. A medida que plagas como las chinches se hacen cada vez más resistentes a los insecticidas de uso común y se endurecen las normativas sobre el uso de productos químicos y la fumigación, los métodos alternativos se hacen imprescindibles.
En este contexto, el tratamiento térmico ha surgido como una alternativa libre de químicos frente al control de plagas tradicional.
El control de plagas con calor funciona elevando la temperatura de una zona infestada a tal punto que acabe con el insecto diana en cualquier fase de su ciclo vital. No se trata sólo de hacer que el entorno resulte incómodo para las plagas, sino de atacar sus procesos biológicos fundamentales.
Al aplicar una temperatura extremo para la supervivencia de las plagas ocurren dos fenómenos naturales:
Las proteínas son imprescindibles para todas las funciones vitales de un ser vivo. Cuando se exponen a temperaturas elevadas de forma sostenida, las proteínas pierden su estructura tridimensional específica (se desnaturalizan), por lo que dejan de ser funcionales. Esta alteración celular conduce directamente a la muerte.
Las temperaturas elevadas provocan la desecación de los insectos: sus espiráculos (los poros por los que respiran) de los insectos se abran y que los lípidos de su cutícula se derritan, lo que provoca una grave pérdida de agua y su muerte.
Los insectos con exoesqueletos más robustos (por ejemplo, las chinches) son más propensos a morir por desecación que las polillas, que pueden necesitar temperaturas más bajas pero una exposición más prolongada.
Para garantizar que el tratamiento sea eficaz en cualquier fase del ciclo de vida del insecto (los huevos son especialmente difíciles de eliminar) debe alcanzar y mantener una temperatura específica en toda la zona donde se aplique.
Dependiendo de la plaga y la fase vital en la que se encuentre, tendrá un límite de tolerancia al calor distinto. Por ejemplo, nuestro objetivo mínimo para las chinches de la cama suele ser llegar a los 56°C durante 2 horas y media.
La supervisión al detalle es esencial para garantizar el que se llegue y se mantenga la temperatura necesaria en toda la zona de tratamiento, especialmente en los posibles puntos fríos.
El mantenimiento de este calor superior al que las plagas pueden soportar, incluso en huecos de difícil acceso como grietas, hendiduras o en el interior de muebles (donde las plagas encuentran refugio), es el punto diferencial de una empresa que combina el conocimiento técnico con años de experiencia en el control de plagas.
Para aplicar un tratamiento térmico con éxito se requiere de un profundo conocimiento de cómo se mueve el calor. La conducción y la convección las dos formas principales de transferencia de calor para el control de plagas:
Se trata de la transferencia de energía térmica a través de materiales por contacto directo, cuando las partículas de un material con mayor energía térmica vibran y chocan con las partículas vecinas. Así es como el calor atraviesa paredes, muebles y objetos.
Existen materiales aislantes que pueden dificultar la penetración del calor, por lo que se debe pensar en una configuración estratégica y usar el equipo adecuado para garantizar que se alcancen temperaturas letales en todas las zonas por igual, y que no queden "ángulos muertos".
Ocurre cuando el calor se transfiere por el movimiento de masas de un fluido, como puede ser el aire. El fluido más caliente se expande, se vuelve menos denso y asciende, mientras que el fluido más frío desciende y ocupa su lugar, creando un flujo o circulación.
Nos apoyamos en este principio cuando queremos dispersar el calor por una habitación o zona de tratamiento, a menudo con la ayuda de ventiladores. Al aumentar el movimiento del aire incrementamos la velocidad de transferencia de calor y esto ayuda a que la energía térmica penetre por todo el espacio, minimizando los puntos fríos. Las cámaras termográficas ayudan a los técnicos a identificar los puntos fríos durante el tratamiento.
Pese a la efectividad de los tratamientos químicos, hay empresas o sectores donde es es necesario aplicar tratamientos de calor: se trata de una solución que ataca a cualquier plaga de insectos en cualquier fase de su ciclo vital, que ofrece tiempos de tratamiento rápidos que permiten la vuelta a la actividad inmediata, y que no deja residuos.
El tratamiento térmico es aplicable en numerosos sectores; desde hoteles y restaurantes hasta empresas de transportes o de la industria alimentaria pueden confiar en una solución efectiva y discreta siempre que se enfrenten a una infestación.
La aplicación de tratamientos térmicos seguros y eficaces es un proceso complejo que requiere equipos especializados y profesionales altamente cualificados. Esta es precisamente la razón por la que en Rentokil ha creado el Centro de Excelencia de Calor