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La palabra "plaga" tiene su origen en el latín, donde significaba 'herida' o 'llaga'. Aunque su significado ha cambiado con el tiempo, el concepto de plaga tal como lo conocemos ciertamente no es un fenómeno nuevo. Por ejemplo, se usaba en el contexto de enfermedades generalizadas o azotes devastadores.
Hoy en día se llama plaga a cualquier ser vivo que resulta perjudicial para los intereses del ser humano. Desde insectos (voladores y arrastrantes) hasta roedores y aves, existen miles de plagas en todo el mundo que pueden causar problemas tanto a empresas como a propietarios de viviendas.
A medida que las plagas se han adaptado a lo largo de los siglos, los métodos para controlarlas también han avanzado significativamente. El control a menudo se basaba en técnicas rudimentarias donde primaba el uso masivo e indiscriminado de productos tóxicos, pero las estrategias modernas utilizan investigación científica, tecnología y prácticas más sostenibles para minimizar el impacto ambiental.
El control de plagas era muy diferente a principios del siglo XX a cómo es ahora. Comencemos viendo algunas de las primeras herramientas y productos químicos que se utilizaron para el control de plagas y cómo de efectivos (o no) eran.
Las trampas físicas eran la solución más habitual para combatir a los roedores. Las empresas familiares de control de plagas salían y atrapaban miles de ratas por noche. Sin embargo, no eran muy eficientes debido al esfuerzo humano requerido, aunque vale la pena señalar que si era la solución más barata en ese momento, ya que no teníamos la maquinaria o las herramientas para reemplazar este esfuerzo humano.
Por ejemplo, colocar, cebar y monitorear estas trampas requería un esfuerzo y una atención constante. Además, las trampas sólo servían para controlar un roedor por uso, lo que dificultaba el control de grandes infestaciones.
Una trampa mal utilizada representaba riesgos para niños, mascotas y animales no diana, y el consiguiente potencial de daño. Por tanto, aunque eran el medio más utilizado para el control de roedores, las trampas físicas tenían sus limitaciones y a menudo implicaban un proceso engorroso.
Las soluciones químicas para combatir las plagas ya existían por aquel entonces y su tendencia de uso estaba al alza, pero eran bien distintos a los biocidas que usamos a día de hoy. En cambio, los comercios locales vendían productos como sales de Epsom y diversos polvos como "soluciones" para las plagas.
Desafortunadamente, y aunque probablemente no te sorprenda, muchos de estos "remedios" eran ineficaces, sólo funcionaban temporalmente o ¡eran francamente peligrosos para las personas que los dispensaban! Y, por supuesto, nadie pensaba en el impacto medioambiental que causaban.
A mediados del siglo XX, el control de plagas comenzó a adoptar un enfoque más científico. Surgieron los controles biológicos, particularmente durante la Segunda Guerra Mundial, y se dirigieron a los roedores utilizando cultivos bacterianos diseñados para reducir las poblaciones.
Curiosamente, estos tratamientos a menudo se caracterizaron erróneamente como virus en ese momento, lo que refleja la limitada comprensión científica del público general en aquel entonces.
La manera en que las generaciones pasadas abordaban el problema de las plagas era a menudo peculiar y, en ocasiones, fruto de su ingenio, peligroso.
Las chinches eran un problema persistente en los hogares, y una solución popular consistía en colocar una vela debajo de las estructuras metálicas de las camas para quemar los insectos. Si bien este método pudo haber funcionado en ocasiones, conllevaba evidentes riesgos de incendio .
El control de roedores también implicaba prácticas curiosas. Para atraparlas, las personas a menudo usaban redes y uno o dos terriers para perseguirlas a sus madrigueras y conducirlas a las redes, lo que refleja lo ingeniosas que tenían que ser las personas ante la ausencia de tecnología moderna.
Estos métodos peculiares, aunque rudimentarios, demostraron cómo la gente del pasado dependía de recursos limitados para un control efectivo de plagas.
La revolución tecnológica fue lo que realmente transformó el control de plagas y sentó las bases para las soluciones modernas. La introducción de pesticidas químicos había marcado un punto de inflexión en el control de plagas. Productos como el DDT, pertenecientes a los organoclorados, tenían éxito por su eficiencia y capacidad para eliminar plagas rápidamente.
Pero esto tenía un reverso tenebroso. Aunque el DDT y otros productos químicos similares eran efectivos, su impacto ambiental y en la salud obligaron a regulaciones más estrictas y eventuales prohibiciones debido a su bioacumulación en los organismos y su impacto en las cadenas alimentarias.
En el caso del control de roedores, los anticoagulantes supusieron una cambio de paradigma. Anteriormente se usaban grandes cantidades de cebos altamente tóxicos, que acababan con ellos al momento. El problema es que los roedores relacionaban rápidamente la toxicidad del cebo con su muerte repentina, por lo que evitaban los cebos.
La novedad de los cebos anticoagulantes es que provocaban efectos retardados: los roedores manifestaban síntomas hasta 3 ó 4 días después, de manera que no eran capaces de averiguar el origen
El control de cucarachas también fue perfeccionando con el paso del tiempo. En lugar de fumigar indiscriminadamente, los cebos dirigidos se convirtieron en el método de control preferido. Estas soluciones no sólo eran más seguras sino también más asequibles, lo que permitió un uso generalizado sin necesidad de intervención profesional.
La conclusión es que a finales del siglo pasado el control de plagas ya se había convertido de usar métodos anticuados y desfasados a técnicas basadas en la ciencia, enfatizaba la precisión y la eficacia. Y ya en este siglo, las empresas de control de plagas invierten investigación para respaldar sus estudios y hallazgos.
En Rentokil hemos creado The Power Centre, un centro global de investigación y desarrollo que se centra en la consultoría técnica, las pruebas de productos y la planificación futura a través del desarrollo de productos y el análisis regulatorio.
Este debate sobre la transformación del control de plagas durante el siglo estaría incompleto sin un análisis sobre cómo han cambiado las propias plagas, ya sea como resultado de la adaptación, la resistencia o cualquier otro factor biológico.
Con el tiempo, ratas, ratones o chinches han desarrollado resistencia a muchos tratamientos tradicionales, lo que crea nuevos desafíos para los controladores de plagas.
La resistencia de los roedores, por ejemplo, a menudo exige la implementación de estrategias de control combinadas para lograr resultados eficaces. Es muy probable que su capacidad genética para resistir los anticoagulantes haya existido siempre, dada la presencia de compuestos similares en la naturaleza, pero esta característica sólo se volvió relevante con la introducción de estos químicos en el mercado.
Es evidente que el control de plagas hoy en día ha recorrido un largo camino, evolucionando hacia la sostenibilidad, la innovación y los métodos menos cruentos. Hace 100 años se tenía poca consideración del impacto en la salud y el medio ambiente.
Los métodos modernos enfatizan la precisión y la prevención, especialmente a medida que se han endurecido las regulaciones sobre el uso de productos químicos.
También ha habido un cambio significativo hacia un mayor enfoque en la Gestión Integral de Plagas (GIP), que se esfuerza por la prevención de plagas y las soluciones a largo plazo en lugar de solamente eliminarlas.
Además, los avances tecnológicos continúan cambiando el sector hoy en día, particularmente con el control de plagas digital. La diferencia en el tiempo necesario para reaccionar a las infestaciones utilizando métodos tradicionales frente al control de plagas conectado, incluida la tecnología basada en cámaras, puede ser notable.
Con los dispositivos no conectados, el control de la plaga generalmente comienza sólo después de que en una visita programada (o concertada por el cliente) se descubren signos de infestación. Sin embargo, la introducción de dispositivos conectados marcó una mejora significativa.
Estos permiten a los técnicos comenzar el control antes, lanzando alertas tan pronto como se detecta actividad de roedores. Esto permite atacar desde el origen de la infestación, en lugar de sólo los síntomas del daño causado por las plagas.
Ahora se está dando un paso más: el uso de cámaras con inteligencia artificial, que permiten tener una visibilidad de la actividad de las plagas a un nivel que nunca antes habían tenido. La IA detecta las plagas y puede generar una alerta automática, lo que permite una intervención rápida y reduce el impacto en las instalaciones del cliente.
Desde trampas básicas hasta soluciones sofisticadas, el control de plagas ha evolucionado enormemente durante el siglo, pero la industria siempre está en movimiento y mejorando. Como el principal proveedor de control de plagas en el mundo, nos esforzamos por seguir aprovechando la última tecnología para ofrecerte las mejores soluciones para una tranquilidad total.
Contamos con 500,000 dispositivos conectados (y sumando) desplegados en todo el mundo que protegen hogares y negocios las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Y no nos detenemos ahí. Con una historia de 100 años a nuestras espaldas que miramos con orgullo, seguimos trabajando sin descanso para crear un futuro aún más brillante.