© 2026 Rentokil Initial plc está sujeto a las condiciones legales establecidas Declaración Legal.
En el mundo de los insectos que pueden afectarnos, hay uno que, a pesar de su pequeño tamaño, merece toda nuestra atención: el flebótomo. A menudo confundidos con mosquitos, estos diminutos insectos son mucho más que una simple molestia.
En el post de insectos de hoy vamos a hablar del flebótomo. Aunque parezca un mosquito común, este es mucho más peligroso; son los principales transmisores de una enfermedad parasitaria importante: la Leishmaniosis, que afecta tanto a personas como a animales, sobre todo a los perros, y por su complejidad y seriedad, es una preocupación constante para la salud pública y veterinaria.
Pero, ¿qué son los flebótomos y por qué nos deberían preocupar?
Los flebótomos, también conocidos como "moscas de la arena" (sandflies) en algunas regiones, pertenecen a la familia Psychodidae y la subfamilia Phlebotominae. Las especies presentes en la fauna Ibérica suelen ser de los géneros Phlebotomus y Sergentomya. Son insectos pequeños, de apenas unos milímetros, lo que los hace difíciles de ver.
A diferencia de los mosquitos, los flebótomos vuelan de forma silenciosa y a saltos, cerca del suelo.
Tanto las mosquitos hembra como flebótomos hembra son las que necesitan alimentarse de sangre (son hematófagas), ya que la necesitan para el desarrollo de sus huevos.
Cuando están en reposo, sus alas se mantienen levantadas, formando una característica "V", llamada “beatilla”.
Los flebótomos son más activos al atardecer y durante la noche, buscando temperaturas más bajas y mayor humedad.
La principal preocupación con los flebótomos es su papel como vectores de la Leishmaniosis. Esta grave enfermedad es causada por un parásito protozoo flagelado llamado Leishmania spp. La transmisión ocurre cuando un flebótomo infectado pica a un nuevo individuo.
Los principales reservorios del parásito son los perros y roedores, siendo los humanos huéspedes accidentales en la mayoría de los casos.
Cuando un flebótomo pica a un animal infectado (como un perro), ingiere la sangre que contiene los amastigotes (formas no flageladas del parásito) presentes en los macrófagos del animal. Dentro del flebótomo, estos amastigotes se transforman en promastigotes (formas flageladas).
Cuando el insecto vuelve a picar, los promastigotes penetran en el nuevo hospedador y son fagocitados por sus macrófagos, diseminándose por el cuerpo.
La Leishmaniosis puede manifestarse de diversas formas, dependiendo del tipo de Leishmania y del estado inmunitario del hospedador.
En perros, el cuadro más preocupante es el visceral, con manifestaciones cutáneas no pruriginosas (sin picor) en el 90% de los casos. Los signos cutáneos más frecuentes incluyen hiperqueratosis (engrosamiento de la piel), descamación, úlceras mucocutáneas y, a veces, nódulos intradérmicos, localizados principalmente en el hocico, cojinetes plantares y orejas.
En humanos, la Leishmaniosis puede presentar una patología cutánea, mucocutánea o visceral. La leishmaniosis cutánea causa llagas en la piel que pueden dejar cicatrices; la leishmaniosis visceral, la más grave, afecta órganos internos como el bazo e hígado, provocando fiebre, pérdida de peso y anemia, y puede ser mortal si no se trata; y la leishmaniosis mucocutánea daña las mucosas de la boca y nariz, causando desfiguración.
En todos los casos requiere tratamiento médico para evitar complicaciones y asegurar la recuperación. El periodo de incubación puede oscilar entre un mes y siete años.
Dado el riesgo que representan, especialmente en zonas endémicas, es fundamental tomar medidas para controlar su presencia:
En Rentokil, comprendemos la importancia de un control efectivo de plagas para proteger la salud. Si tienes preocupaciones sobre la presencia de flebótomos u otros insectos en tu propiedad, no dudes en contactar con nuestros expertos.
Este centro de excelencia ofrece soluciones en materia de control de vectorial para garantizar la gestión de plagas como mosquitos o garrapatas