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Aunque viene siendo un problema recurrente desde hace unos años en Madrid, estos días están apareciendo noticias en diversos medios de comunicación alertando de un repunte de los casos de picaduras por parte de estos insectos en diversas zonas de la Comunidad de Madrid.
La presencia de “mosca negra”, en realidad un díptero nematócero que nada tiene que ver con las moscas, está causando problemas en España desde ya hace bastantes años (son clásicas las alarmas en la zona del Ebro y de Levante). En Madrid (con especial incidencia en la zona sur) se vienen reportando casos de importancia desde 2011 y en estos años ya se están realizando campañas específicas para tratar las zonas de mayor presencia de estos insectos, normalmente coincidentes con las riberas de los ríos y zonas con acúmulos de agua.
En el pasado año 2019 las zonas más afectadas de la región fueron las que limitan con el río Jarama, la laguna de Campillo y el área de Perales del Río. En los últimos ejercicios, han sido los municipios de Alcalá de Henares, Coslada, Torrejón de Ardóz, Arganda, Rivas -Vaciamadrid, Vellilla de San Antonio, Mejorada del Campo y Getafe los que han tenido mayor incidencia.
Ya hemos hablado de los simúlidos en otras ocasiones en este blog, pero queremos recordar que se trata de insectos que en ocasiones se confunden con mosquitos debido a que las hembras, para madurar sus huevos, precisan de la ingestión de sangre. Sin embargo, sus picaduras, o más bien deberíamos decir mordeduras, son bastante más dolorosas y virulentas que las de los mosquitos. Y parece que se agravan en personas con alguna patología previa que les hace más sensibles (hasta el punto de poder necesitar asistencia sanitaria).
Existen muchas especies distintas de simúlidos. Los adultos se agrupan en enjambres en la vegetación cercana a los cursos de agua y se muestras mucho más activos al anochecer y al amanecer. Su radio de acción puede llegar hasta los 50 km y sus larvas son acuáticas (al igual que las de los mosquitos) estando fijadas a piedras o vegetación en aguas que transcurren sin demasiada contaminación.
La “mosca negra” es capaz de actuar como vector de alguna enfermedad parasitaria como es el caso de la oncocercosis, lo cual añade una razón más a la necesidad de realizar un control vectorial en aquellas zonas donde tienden a desarrollarse este tipo de insectos. A este respecto indicar que las medidas fundamentales que se vienen realizando desde hace años en las zonas de mayor incidencia consisten en la utilización de larvicidas fundamentalmente y con el objeto de evitar que éstas pasen a convertirse en ejemplares adultos e inicien un nuevo ciclo biológico.
A manera de ejemplo, en Madrid capital y una vez identificadas las principales zonas afectadas, de manera anual se procede a programar por parte de los Servicios de Control Vectorial de Madrid Salud actuaciones basadas en la aplicación de Bacillus thuringiensis (variedad israeliensis) un larvicida conocido que actúa también contra larvas de otros insectos.
En paralelo se realizan tratamientos contra adultos en las zonas cercanas con vegetación y se monitorizan los efectos de los tratamientos, para observar la necesidad de insistir en determinadas zonas. De la monitorización continua se dedujo que, en zonas naturalizadas del río Manzanares, donde el agua transcurre más limpia y crece la vegetación, la incidencia de mosca negra es mayor (debido a su afinidad por aguas menos contaminadas).