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En el ámbito de la prevención y el control de la legionelosis, es habitual encontrar mensajes que aseguran la eliminación total de Legionella en las instalaciones. Este tipo de afirmaciones, aunque puedan resultar atractivas desde el punto de vista comercial, no se ajustan a la realidad técnica ni científica.
La Legionella es una bacteria ambiental que se encuentra de forma natural en aguas superficiales como ríos, lagos y embalses, así como en redes de distribución de agua. Por este motivo, su erradicación completa resulta inviable.
El riesgo no radica en su mera presencia, sino en su capacidad de proliferar y dispersarse en condiciones favorables, especialmente en sistemas que generan aerosoles.
El objetivo de los programas de prevención no es la eliminación total de la bacteria, sino la reducción del riesgo de transmisión y, en consecuencia, la prevención de casos de legionelosis.
Este enfoque se basa en el control de los factores que favorecen el crecimiento y la dispersión de la Legionella, conforme a lo establecido en la normativa vigente.
Un programa adecuado de prevención y control debe integrar los siguientes aspectos:
Aplicación rigurosa de la legislación vigente, que establece los requisitos técnicos, higiénico-sanitarios y de control en las instalaciones de riesgo.
Ejecución de operaciones de limpieza, desinfección y tratamiento del agua conforme a los procedimientos definidos, sin desviaciones ni simplificaciones.
La correcta conservación de las instalaciones es un factor determinante. El diseño, el estado de conservación y la operativa influyen directamente en el riesgo de proliferación bacteriana.
Realización de planes de muestreo adecuados y análisis en laboratorios acreditados, que garanticen la fiabilidad de los resultados y permitan una correcta toma de decisiones.
En caso de detección de Legionella, deben aplicarse las medidas correctoras previstas en la normativa, incluyendo tratamientos de choque, revisión de instalaciones y seguimiento analítico hasta la normalización de los parámetros.
Las afirmaciones que garantizan la ausencia total de Legionella pueden generar una percepción errónea del riesgo y desviar la atención de los aspectos realmente críticos del control.
Un enfoque basado en promesas absolutas puede comprometer la eficacia de los programas preventivos y, en última instancia, la seguridad sanitaria.
Desde un punto de vista técnico, el objetivo no es alcanzar la ausencia total de Legionella, sino garantizar el control de las instalaciones para prevenir la aparición de casos de legionelosis.
La aplicación rigurosa de la normativa, junto con un mantenimiento adecuado y un control analítico continuo, constituye la base para una gestión eficaz del riesgo.
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