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La Legionella supone un riesgo enorme en cualquier instalación que utilice agua. Normalmente hablamos de brotes de esta bacteria en torres de refrigeración o sistemas de agua caliente. Pero, ¿y en piscinas? ¿Hay riesgo de brote? ¿Se puede prevenir?
Hemos querido preguntar a Ana Carmen Aguirre, responsable de Legionella en Rentokil, sobre este asunto.
La primera respuesta que nos deja es que siempre que haya acumulación de agua es factible la aparición de la bacteria. Por lo que sí, podría proliferar legionella en una piscina. Pero inmediatamente aclaró que es muy poco. Según nos explica Ana Carmen, para que esta bacteria se desarrolle tienen que darse unas temperaturas óptimas y no es caso de las piscinas.
Además, se requiere la formación de aerosoles para que la legionella llegue a los pulmones de las personas y acabe provocando una legionelosis, pero en este tipo de recintos acuáticos tampoco se da esta condición.
En resumen, la legislación vigente en torno a la legionella no considera a las piscinas como instalaciones de riesgo. Sin embargo, nuestra compañera nos aclara que esta legislación sí que considera instalaciones de riesgo a los jacuzzis y spas, ya que trabajan con agua templada y caliente y tienen chorros de agua que pueden provocar aerosoles, además de la propia evaporación que se produce en estos espacios.
Indagando más, también preguntamos a Ana Carmen si las duchas pueden ser un foco de legionella. "¡Sin duda!", nos responde la experta. Y es que en una piscina, sea de funcionamiento anual o estival, siempre hay que hacer mantenimiento preventivo de legionella en la red de agua caliente y fría, o sea, en grifos y duchas. Del mismo modo que en los jacuzzis y spas antes mencionados.
En resumen, las piscinas son instalaciones de riesgo muy bajo, al tratarse de agua fría en constante circulación y normalmente clorada. Sin embargo. Los, aseos, lavabos y duchas de la piscina si son un riesgo.