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En el post de hoy os quiero contar cómo es un día de trabajo para mí. Sé que cuando escuchas control de plagas, podrás creer que no es el trabajo más 'sexy' del mundo. Pero lejos de ser algo rutinario, cada día presenta nuevos desafíos, desde la lucha contra plagas urbanas hasta la meticulosa inspección de entornos sensibles.
El sol todavía no ha salido, pero mi jornada ya ha empezado. Parafraseando a Batman: "Las plagas nunca duermen". Café en mano, reviso las rutas del día y preparo mi equipo.
Cada herramienta, desde los cebos, el gel, los detectores hasta los pulverizadores de baja presión, tiene que estar lista para su uso. Pero si hay un utensilio fundamental que está muy infravalorado, esa es la linterna de inspección profesional. No es solo para ver en la oscuridad; para mí es la lupa: mi principal herramienta de diagnóstico.
Al llegar, la situación es peor de lo que me esperaba. La infestación de cucaracha alemana (Blattella germanica) es masiva. Lo primero que hago no es ni rociar ni poner cebos, sino inspeccionar. Con la linterna en la mano, comienzo a buscar los puntos críticos de refugio.
La luz me permite ver detrás de los equipos de cocina, en el motor del lavavajillas, en las grietas de los azulejos, donde a simple vista solo vería una sombra. Busco excrementos, ejemplares vivos o las famosas ootecas (los estuches de huevos).
Una ooteca puede contener de 20 a 30 cucarachas que, al salir, se convierten en ninfas. Encontrar estos refugios es la clave para un tratamiento exitoso. La linterna no solo revela la presencia de la plaga, sino que también me ayuda a determinar la magnitud de la infestación y a planificar la estrategia de tratamiento.
Después toca realizar un buen tratamiento con gel insecticida para poder controlar la infestación, y colocar estratégicamente los detectores de insectos para evaluar la situación en próximas visitas.
Y lo más importante de todo, hablar con el cliente para que subsanen lo antes posible todas las "brechas" de seguridad que he visto: limpieza, orden y hermeticidad. Con esto concluyo mi primera visita del día.
Lo siguiente que me toca es visitar una empresa de la industria alimentaria. Aquí, mi labor es muy diferente. No se trata de una intervención de emergencia porque el cliente ya ha visto la plaga, sino de una auditoría meticulosa de los sistemas de control de plagas existentes.
La prevención y la trazabilidad son pilares fundamentales de la seguridad alimentaria. Por tanto, mi enfoque se centra en la inspección de los puntos críticos de control y en el análisis detallado de los insectocaptores. Va más allá de un simple cambio de láminas adhesivas.
Para empezar, documento su estado, verificando el correcto funcionamiento de las lámparas ultravioletas. La intensidad de la luz UV es vital para la eficacia del aparato y debe ser revisada y reemplazada regularmente para asegurar su máxima atracción. A continuación, extraigo con cuidado la lámina adhesiva y realizo un análisis entomológico in situ.
Con la ayuda de una lupa identifico los insectos capturados. No solo cuento y registro, sino que analizo el tipo de plaga presente: ¿son moscas de la fruta (Drosophila spp.) en una zona de fermentación? ¿Polillas de la harina (Plodia interpunctella) cerca de un silo de cereales?
La ubicación y el tipo de plaga me dan información valiosa sobre su origen y su ruta de acceso. Este análisis predictivo me permite anticipar un problema antes de que se convierta en una infestación, recomendando acciones correctivas precisas, como la mejora del saneamiento en una línea de producción o el sellado de una pequeña grieta en un almacén.
Al final, coloco una nueva lámina y registro toda la información en el informe del cliente, garantizando el cumplimiento de los estrictos estándares de la industria alimentaria.
Después de la visita, aprovecho para tomarme la pausa de la comida. Este tiempo no solo me sirve para reponer energías, sino también para reflexionar sobre las intervenciones realizadas y planificar en mi mente los siguientes pasos. La tarde requiere un enfoque completamente diferente.
Después de la pausa, la siguiente parada es un local comercial con una grave infestación de ratas. De nuevo, la linterna es mi mejor apoyo. Aunque las ratas no se vean, sus signos de actividad están en todas partes. La luz resalta los senderos de grasa a lo largo de las paredes y las marcas de roedura en cables y estructuras.
Pero lo más importante que debo encontrar son sus puntos de entrada. Ilumino cimientos, tuberías y rejillas de ventilación, buscando el más mínimo resquicio en forma de agujero que los roedores hayan creado.
Ahora solo falta situar y colocar estratégicamente las planchas adhesivas y quedamos con el cliente para la siguiente visita para ver la evolución de la infestación.
Ahora me toca un edificio de oficinas de gran tamaño. No hay una infestación activa. Mi trabajo aquí es puramente preventivo y de monitorización. La prioridad es mantener un entorno de trabajo libre de plagas para los empleados.
La revisión se centra en las zonas de mayor riesgo. Empiezo por el comedor y la cocina, áreas donde la presencia de comida puede atraer plagas como cucarachas, moscas o roedores. Inspecciono minuciosamente debajo de las mesas, neveras, dentro de los armarios y en los puntos de almacenamiento de residuos.
A continuación, me doy una vuelta por las instalaciones para verificar el estado de las estaciones de placebo para roedores, tanto en el interior como en el perímetro exterior del edificio, y compruebo las trampas de feromonas para insectos.
Por último, me dirijo al cuarto técnico, como salas de servidores o de cableado. Estas áreas, con su calor constante y la escasa afluencia de personas, son refugios ideales para los roedores y algunas plagas de insectos. Reviso el estado de las trampas y busco cualquier señal de actividad: excrementos, roeduras en los cables...
Siempre documento cada hallazgo, incluso que no haya plagas, y me aseguro de que todas las trampas y estaciones estén en perfectas condiciones y correctamente etiquetadas.
Una vez se terminan las visitas del día, es muy importante limpiar y ordenar la furgoneta, para después gestionar los residuos. Si me he he pasado el día haciendo recomendaciones de limpieza a los clientes, yo no puedo ser menos cuando he estado en contacto con las plagas.
Mi satisfacción no viene solo por haber resuelto los problemas de los clientes, sino de haber protegido la salud y seguridad de las personas y los negocios. Además, he de decir que casi todos los clientes son muy agradecidos y te reconocen tu labor cada vez que les visitas
En definitiva, ser un técnico de control de plagas es muchísimo más que "matar bichos". Es un trabajo de ciencia, estrategia y servicio, donde cada herramienta y cada análisis tienen un propósito crucial. Espero que mis crónicas te hayan ayudado a entenderlo un poco mejor.
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