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Grandes misterios con insectos como protagonistas

Como norma general tendemos a infravalorar la capacidad de lo pequeño, su proyección, su valor… la filosofía del “burro grande ande o no ande”, pero la naturaleza nos demuestra constantemente lo equivocados que estamos.

Los seres pequeños pueden ser los más inquietantes, los que crean cosas más grandiosas o las más destructivas. Quizás por estas razones, algunos de los grandes misterios de la historia del hombre lo han sido durante milenios, porque nadie podía llegar a imaginar que un insecto diminuto era el que estaba detrás de todo el pastel.

Un ejemplo muy gráfico ha llegado a nuestro conocimiento hace tan solo unas pocas semanas a través del diario El País con un titular impresionante: “Las termitas han construido la mayor estructura del planeta”. Parece ser que durante milenios las diminutas termitas habían ido haciendo la ciudad más grande de bichos de la historia. Lo que, según el investigador de la Universidad Estatal de Feira de Santana de Brasil, Roy Funch, fue siempre para muchos de los locales “una formación natural construida por Dios”, ha resultado ser una grandiosa construcción animal de estructura casi matemática de montículos de unos 50 metros cúbicos que ocupa más de 230 mil kilómetros cuadrados.

Nadie imaginó, antes de que la deforestación provocada por el hombre lo dejara a la vista desde satélite, que bajo el manto de la selva se escondía esta impresionante estructura que ha sido posible gracias a la capacidad de las termitas de comunicarse a través de sus feromonas.

Los círculos de hadas

Pero las termitas amazónicas no han sido el único animal que ha protagonizado misterios en el planeta. En el desierto de Namibia y otras regiones de la costa sudoeste de África se han observado y estudiado durante años los llamados “círculos de hadas”, unas formaciones en forma de anillo de pasto cuyo origen era desconocido hasta hace poco. Después de muchas idas y venidas y distintas justificaciones científicas, las últimas hipótesis apuntan finalmente a la interacción de las termitas que “construyen” estos círculos con las plantas locales. Su fin es evitar la transpiración del agua subterránea que necesitan y que escasea. En este artículo de El País puedes encontrar más información sobre esta hipótesis.

Pulgas y piojos, los culpables de la peste y el tifus que se achacaban a “castigos divinos”

Durante el siglo XIV una epidemia de peste negra asoló Europa. Más de 25 millones de personas dieron con sus huesos en la tumba a causa de esta mortal enfermedad. No se sabía cómo ni por qué y, a falta de otra explicación más plausible, el hombre justificaba esta desgracia como una penitencia impuesta por Dios. Pero resulta que, lejos de eso, lo que lo estaba provocando y propagando eran las pulgas y los piojos, que viajaban de cuerpo en cuerpo con la sangre infectada de peste negra o tifus de su anterior “casero” en su interior. No fue hasta el siglo XX cuando se descubrió esto.

Las hormigas zombie tailandesas

¿Cuántas veces has visto un reguero perfecto de hormigas desfilando con absoluta organización? Las hormigas no son el típico animal que “saca las patitas del tiesto”. Todas a una, tienen una sociedad perfectamente organizada en la que cada una tiene meridianamente clara cuál es su función.

Y de pronto alguien observó que en la selva tropical tailandesa había ciertas hormigas que se volvían literalmente “locas”, que olvidaban su función en el mundo, que repudiaban las filas y la organización y que paseaban solas por la vegetación danto tumbos como borrachas y comportándose de un modo completamente impropio para una hormiga “hecha y derecha”.

Han sido el entomólogo David Hughes y su equipo los que llegaron para hacernos a todos entender qué era lo que realmente estaba pasando. Parece ser que existe un hongo parasitario en esa zona que infecta a las hormigas y las convierte en auténticos zombies a sus órdenes con el fin de que caigan al suelo de la selva al morir y distribuyan así las esporas de su inquilino. En este artículo de National Geographic te lo cuentan con todos los detalles.

Son solo algunos ejemplos de lo sorprendentes que pueden ser esos pequeños seres que son los insectos e incluso de lo que pueden tener que ver con nuestra cotidianeidad sin que acertemos a saberlo, como en el caso de la transmisión de enfermedades. Para bien o para mal, los insectos nos rodean, nos dejan con la boca abierta, nos enseñan… y, en forma de plaga, pueden suponer un peligro importante… pero para eso está Rentokil, para ayudarte siempre que esto suceda.

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