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¿En qué nos parecemos a los insectos?

¿Serías capaz de sentirte identificad@ con un insecto? ¿Crees que puede haber algo que nos haga parecernos asombrosamente? Piensa… ¿no? Pues en el post de Rentokil Initial de hoy te lo vamos a contar y, pese a su obviedad, igual es algo sobre lo que no te habías parado a pensar hasta este momento.

Vamos a ponerle un poco de literatura al tema, para ver si llegas a la conclusión antes de que te lo contemos.

Primera pista: Estamos hablando de insectos como las abejas, las hormigas, las termitas... Lee un poco de cada una de estas especies en los links que te hemos compartido y dedica unos segundos a cavilar.

¿Nada? Pues continuamos con la segunda pista.

Segunda pista: La cualidad que comparten con nosotros es la clave de la evolución de nuestras especies. ¿Ni “flowers” aún? ¿Quieres una última pista?

Tercera pista: Para finalizar, piensa en cómo se relacionan entre sí los individuos de las especies que hemos puesto como ejemplo y si puede haber algún paralelismo en cómo se organizan como sociedad y cómo nos relacionamos los humanos entre nosotros.

¡Exacto! Estamos hablando de insectos sociales. Hay una línea de autores expertos en comunicación que defiende que la comunicación social es el verdadero elemento que favorece la existencia de ciertas especies y su evolución. Y sí, ese es el elemento que compartimos los seres humanos con determinadas clases de insectos, nuestra forma de comunicarnos con los individuos de nuestra especie a través de diferentes herramientas.

En el caso del hombre lo tenemos claro. A pesar de que la ciencia y la filosofía se lo han planteado en muchos momentos y de que la literatura y el cine han jugado con la idea del "hombre salvaje" en obras como “Into the Wild” (dirigida por Sean Penn en 2007) (por cierto, muy recomendable), el hecho es que el hombre es un ser eminentemente social.

Borremos de nuestra mente las excepciones que confirman la regla (a todos se nos viene alguna a la cabeza como la del caso de la niña camboyana que en 2007 apareció después de estar perdida en la jungla durante 18 años) y centrémonos en cómo funcionamos y evolucionamos.

Ciencias como la biología, la zoología y la neurociencia han aportado pruebas de cómo las conexiones sociales y la existencia del grupo, incluso por encima del individuo, son la clave de la evolución de los genes.

Pero, ¿cómo lo hacen estos insectos de los que estamos hablando?, esos seres que en principio no tienen nada que ver con nosotros y que, sin embargo, organizan sus sociedades con grandes dosis de conciencia de grupo y unas jerarquías que dejan con la boca abierta a propios y extraños.

Vamos a analizar las distintas especies que hemos mencionado para tener una visión un poco más concreta:

  • Las hormigas: construyen sus “ciudades” organizadas con roles para cada tipo de individuo. Su manera de comunicarse es enviando señales químicas a través de sus glándulas exocrinas que varían en su composición dependiendo del mensaje que se quiera enviar: ¡vamos a por comida!, ¡cuidado, peligro inminente! o ¡chati!, ¿te apetece una noche de lujuria y pasión desenfrenadas? Parece que incluso cuando mueren emiten una feromona que avisa a sus conciudadanas para que lleven el cadáver a un lugar donde su descomposición no interfiera en la vida diaria del hormiguero.
  • Las abejas: todas las abejas de una colmena son hijas de la misma madre, eso quieras que no, une. Bromas aparte, son muy conocidas las clases sociales del mundo de las abejas. Obreras, zánganos, reina… conforman un grupo social en el que el trabajo está totalmente estratificado y repartido. Las obreras pueden encargarse en diferentes momentos de buscar alimentos, construir el panal, limpieza, defensa, alimentar a la reina, cuidado de las nuevas generaciones…
  • Las termitas: en el interior de un termitero puede llegar a haber millones de estos insectos (Madrid entero metido en las vigas de tu casa). Cada termita desempeña una función determinada que puede ir desde reproducirse, limpieza del “hogar”, las que van a la “compra”... Una organización perfecta que puede ser un verdadero desastre si el lugar de residencia que han elegido coincide con el que has elegido tú.

Ya lo dijo Aristóteles: “El hombre es un ser social por naturaleza” que nace con esta característica y la va desarrollando a lo largo de su vida. Necesitamos a los demás para sobrevivir y nuestro modo de generar la conciencia grupal es genuino y muy elaborado, a través de los juegos, los ritos, las canciones, los códigos que generan los signos de identidad y pertenencia a un grupo. Pero parece, con lo que hemos aprendido hoy, que no solo el hombre es un animal social.

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